El diccionario: guardián de sabiduría

diccionarioDictionaries: key to understanding and to good usage. Consult them frequently! Some excellent references are given.

En la mesa familiar aprendí de nuestros padres un hábito cuyos beneficios, siempre en constante expansión, nunca me cansaré de bendecir: el uso del diccionario. A diferencia de otras familias, en las que hay en un lugar prominente una biblia sobre un atril, nuestro libro maestro era el diccionario, y también reposaba sobre un atril.

Además de usarlo constantemente en las conversaciones del comedor para dirimir nuestras diferencias de opinión, que muy a menudo giraban en torno al idioma, la fuerza del ejemplo de papá nos enseñó a leer siempre en compañía de un diccionario.

Esta costumbre probablemente tuvo mucho que ver con mi elección, a muy temprana edad, de la profesión de intérprete y traductora. Aún con más ahínco ahora que antes, me es absolutamente indispensable leer acompañada de por lo menos un diccionario.

Y aunque el diccionario es una obra humana y, como tal, susceptible de contener errores, sus páginas están llenas de más conocimiento que el simple hecho de definir el significado de listas de palabras ordenadas alfabéticamente.

Los réditos intelectuales generados por la inversión en su consulta permanente se evidencian en la adquisición de un pingüe vocabulario, mucho más amplio que el del promedio de la población; además, mejora cada vez más la comprensión de lectura. Cuando se dispone de un vocabulario rico, es más y más fácil escribir. Si al hacer la consulta prestamos atención a la escritura de las palabras, adquiriremos ortografía. El diccionario fija el uso correcto de las palabras. Nos indica su función morfológica, y su etimología.

He aquí algunos aspectos que deben tenerse en cuenta en el momento de consultar un diccionario monolingüe:

  1. En los diccionarios impresos, al iniciar la obra, por lo general figura una lista de abreviaturas, y su significado. En los diccionarios digitales, el significado de las abreviaturas aparece al acercar el puntero a ellas. Ejemplos de algunas abreviaturas comunes: U.t.c.s: úsese también como sustantivo. O también: Apl. a pers: aplicado a personas.

Sin importar cuál sea el formato del diccionario (impreso o digital), es importante tener en cuenta las abreviaturas, pues ellas nos dan información valiosa sobre la palabra, su uso y la función morfológica que podría desempeñar en la oración.

  1. Algunos diccionarios incluyen referencias etimológicas, muchas de ellas también en forma de abreviaturas. Hay diccionarios que remontan la referencia etimológica mucho más allá de la lengua de procedencia inmediatamente anterior. En estos casos, podrían decir algo similar a: “De la lengua XXX, y esta, de la lengua YYY”. Acostumbrarse a prestar atención a la etimología no solo nos hace conocedores del origen de la palabra, sino que cultiva la capacidad de deducción del significado de otras palabras que encontremos en el futuro. Así, por ejemplo, si hoy buscamos la palabra “cuñado”, cuya raíz latina es ‘cognatus’ (pariente, similar a un hermano), quizá al toparnos en un futuro con la palabra “cognado” podamos presumir fácilmente que quizás tenga un significado similar a “cuñado”, presunción acertada, ya que “cognado” se refiere a dos palabras que están emparentadas entre sí (son similares).

Siempre que ejerzo como maestra, una de las principales recomendaciones para mis alumnos es no ahorrar diccionario. Con ello quiero decir que no debe escatimarse la oportunidad de consultarlo. No hacerlo equivale a privarnos de un acervo de conocimiento lingüístico y de otras índoles, y de hacer una constante gimnasia intelectual. La tecnología actual hace mucho más fácil la consulta, pues hasta en el teléfono se pueden tener varios diccionarios. Pero si usted no tiene diccionarios digitales, le recomiendo, amigo lector, que anote donde pueda la nueva palabra que oyó o leyó, y cuyo significado no conoce, y la consulte tan pronto esté al lado de su diccionario.

El siguiente es un excelente ejercicio para tener un vocabulario en constante evolución y crecimiento. Lo recomiendo porque lo he practicado durante años, y puedo dar fe de sus beneficios  (usted puede empezar a practicarlo haciendo consultas en los diccionarios que aparecen en este artículo, en la nota de pie de página):

  • Consulte la palabra en el diccionario, siempre teniendo en cuenta las abreviaturas y la etimología.
  • Haga un mínimo de dos oraciones con esta palabra que para usted es nueva.
  • Durante el día, repita la palabra varias veces a fin de que se fije en la memoria.

Al estar siempre dispuesto a darnos su generoso aporte, independientemente de lo que haya motivado su consulta, el diccionario es un auténtico guardián de sabiduría. Es el libro de los libros, pues es la llave maestra que ayuda a leer todo lo demás. Aunque él mismo casi nunca se lea de tapa a tapa, es quien nos da su sabia y dadivosa mano para hacernos mejores hablantes, mejores lectores, mejores escritores, y ¿por qué no? mejores oyentes.

Los siguientes diccionarios, entre otros, se encuentran en nuestra página de recursos:

Diccionario del español de México

Diccionario de la Lengua Española

Diccionario Clave

14 opiniones en “El diccionario: guardián de sabiduría”

  1. Que dicha encontrar a una gran defensora y según veo por el articulo, motivadora del uso del diccionario, a mi me encanta leer y me es imposible hacerlo sin tener un diccionario a mano, creo que debe hacer otro articulo motivando aun mas su uso.

  2. Apreciada Luz Stella: probablemente en un futuro me anime a seguir su consejo. Una de las grandes fallas que veo en la educación (por lo menos en Colombia) es que no se enseña a manejar el diccionario. Cuando mucho, se explica que las palabras se organizan alfabéticamente, pero no se dice ni pío de los diferentes tipos de diccionarios, y menos aún de las abreviaturas, de la etimología, etc. Y, más grave aún: no se enseña a buscar la palabra tratando de identificar la función morfológica que desempeña dentro de la oración que motiva la consulta. Ello lleva a menudo al consultante a tener en cuenta únicamente la primera acepción que aparece, y a aplicarla a rajatabla a la comprensión de la oración.

    Muy agradecida por ser nuestra lectora.

  3. En mis años de profesor universitario, siempre he tratado de inculcar en mis estudiantes, de una manera u otra, que usen el diccionario. Es una lucha permanente, pues muchos creen que, si no están estudiando carreras como idiomas, filología y letras, periodismo, etc., no tienen por qué escribir bien. Por consiguiente, piensan ellos, no necesitan el diccionario. Con la excusa de que ‘yo lo saco por el sentido’, se quedan muchas cosas a medio comprender. Y ni se diga lo que se queda a medio escribir por la desidia y la pereza de los hablantes que creen saber tanto, que no necesitan el diccionario. El idioma es patrimonio de todos (me paso diciéndoles). ¿Cómo pueden tener muchas veces maestrías y títulos, pero escribir como casi unos perfectos ignorantes? Escribir da disciplina de pensamiento, y esa disciplina empieza por acostumbrarse a leer consultando el diccionario. Excelente artículo. Estoy de acuerdo con Luz Stella: insista sobre el tema.

    1. Estimado y asiduo lector:
      sus ya habituales comentarios me dan pábulo y energía para seguir escribiendo. Estamos perfectamente de acuerdo. No solo en el colegio, sino en la universidad, lo mismo que en estudios de muy alto nivel, y después de ellos, se observa una ignorancia casi crasa del idioma, ignorancia a la que contribuye el desprecio de los hablantes por sus raíces. Empecinarse en no consultar el diccionario es tan solo una de sus manifestaciones. Si bien la pereza y la desidia que usted acertadamente menciona no afectan a toda la población, me atrevería a pensar que sí es un corrosivo que se extiende más y más, y para cuyo remedio solo quedamos unos pocos quijotes que aún vemos una esperanza.

  4. Otro recurso lexicográfico monolingüe más, especializado en las variedades léxicas del español y en los coloquialismos: Diccionario de coloquialismos y términos dialectales del español. 2011. Madrid: Arco Libros.

  5. Me place mucho saber que alguien está de acuerdo conmigo: hay que enseñar a usar el diccionario, y hay que enseñar el hábito de usarlo. No basta con saber cómo usarlo, sino que desde la infancia se enseñe a usarlo, tal como se enseña a lavarse los dientes, tomar la ducha, usar la servilleta, etc. Los padres tienen mucha responsabilidad en esto, no solo los maestros. ¿Cómo pueden aprender los niños si los adultos no dan el ejemplo? Tener un diccionario en un atril, como dice usted que era el caso en su familia, es algo que voy a poner en práctica desde ya, lo mismo que asegurarme de que mis hijos tengan diccionarios en sus teléfonos. Gracias por poner este tema sobre la mesa (del comedor).

    1. (De parte de Yilda)

      Estimada señora Olmos: mucho le agradezco su comentario. Pongamos todos nuestro granito de arena con el ejemplo de leer con un diccionario. En cuanto al atril, costumbre romántica y bella, creo que uno de estos días va a quedar en el cuarto de San Alejo, a no ser que le pongamos el teléfono (con diccionarios) encima.

  6. Estimada Yilda,

    Felicitaciones por este magnífico articulo. Muy didáctico y bien explicado. Siempre he pensado que el diccionario es una herramienta esencial y muy importante para lograr una mejor comprensión de cualquier tipo de texto. También nos ayuda muchísimo a ampliar y mejorar nuestro vocabulario y conocimientos en general. Lamentablemente falta incentivar su uso desde los primeros años de colegio. Personalmente, a pesar de que lo consulto, no había prestado atención a lo de las abreviaturas ni sabía lo de la etimología. Muchas gracias por sus enseñanzas.

  7. En la escuela donde trabajamos mi marido y yo notamos que cada año nos cuesta más trabajo enseñar español a los estudiantes. Y ni se diga mirar el diccionario. Creo que no falta quién no tenga ni idea de que existe un libro llamado diccionario. Muchas veces ni los maestros lo consultan, ni saben nada de abreviaturas ni de etimología. Muchas veces es lamentable el escenario de la educación nacional. ¿Tiene alguna sugerencia? ¿Podría dictarnos un taller? Nuevamente mis parabienes para todas las mosqueteras por su invaluable labor.

    1. Estimada profesora:
      cuando yo era maestra observaba exactamente lo mismo: cada año se enseña menos. Otros maestros también me hacían la misma observación. Me gustaría mucho estudiar qué factores han incidido en ello. No sé si haya diferencias entre la educación privada y la pública. Yo le estoy hablando del sector privado, y entiendo que usted me habla del sector público, pero parece que llegamos a las mismas conclusiones. Parece que somos un pueblo de pocos lectores, de gran analfabetismo, y de muy malos hábitos de lectura (si es que se lee). Si desea darme detalles sobre el taller que propone, por favor, diríjase a la sección de autoras, en este mismo blog, y escríbame la dirección que aparece en mi biografía.

  8. Me uno al coro de voces que prácticamente imploran que se enseñe cómo usar el diccionario, y que se enseñe la costumbre de usarlo. Debería ser de enseñanza obligatoria.

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